Publicado el 2 de agosto de 2013 | por 0

Las rebajas, qué ordinariez

Las rebajas no me gustan nada de nada. Ni un poquito. Yo siempre le digo a mi Adolfo que hasta que no pasen unos días nos quedamos en casa y que a El Corte Inglés no vamos a ir ni al supermercado, por mucho que nos guste. Y nos gusta porque allí todo es de más calidad. Hasta el Surtido Cuétara sabe mejor que el comprado en otro sitio. Algo tendrá. Y  la bolsa como que da categoría. Pero no estos días, no; me da la impresión de que Don Isidoro hace la vista gorda y elige a unas chiquitas de muy poca categoría para la imagen de las rebajas. La última, una mujerona rubia muy ordinaria que sale en la tele. Y, además, catalana. Ca-ta-la-na, como lo oyen. Dice Rodrigo, el novio de mi Felisa, abogado, buen chico, campechano, casadero, de derechas, que se viste por los pies, del Madrid, fino y educado, que es una estrategia para representar que todo es muy barato. Si lo dice él será verdad pues siempre tiene la última palabra en las comidas familiares cuando nos descubre las verdades de la vida mientras engulle el cocido. Digo yo que El Corte Inglés debería tomar buena nota de Punto Roma, siempre fieles a una señora de los pies a la cabeza como Norma Duval que solo puede transmitir cosas buenas tanto en temporada como en rebajas. En fin, que para ofertas en mi comercio favorito me quedo con los 8 Días de Oro, porque son como las rebajas pero con más glamour. El dorado siempre tuvo más categoría que el rojo. “Hay que acabar con los rojos”, decía antaño mi padre muy envalentonado mientras leía el periódico y se le ponían los ojos en blanco.

Un momentito, que Ana Rosa acaba de conectar en directo con El Corte Inglés porque van a abrir las puertas en el primer día de rebajas. Varias señoras y algún caballero se agolpan en la puerta. Se abre el toril y entran todas en tropel, como pollos sin cabeza sin saber muy bien adonde ir. Dicen que hay una señora que es la más madrugadora todos los años. Al abrirse las puertas todo el mundo la adelanta con lo que se podría haber quedado tomando unas porras pero lo importante para ella es salir en la tele. ¿Qué dirán sus hijos y sus vecinos? No entiendo el orgullo de ser la primera en comprar más barato. Esas cosas hay que dejarlas en casa, comprar barato es una cosa muy íntima que compartes con tu cónyuge en el calor del hogar. No es como para ir presumiendo por ahí. Qué poca categoría.

Durante la comida ha habido un momento en la tele para mayores de 18 años que nos ha escandalizado mucho. Una firma que hace ropa de muchos colores, que mi hija Felisa me ha dicho que se llama Desigual, ha regalado dos prendas a 120 personas que tenían que ir en pelota viva a un establecimiento de Barcelona el primer día de rebajas. Antes de eso los han paseado en barco y por las calles para que la humillación fuese completa. Aquí era gente moderna muy desenfadada pero entraban en la tienda igual de mal que las señoras de El Corte Inglés, eso sí, con el vello púbico rasurado por alguna razón, incluyendo los chicos. Mi Adolfo, que cuando estamos a solas es muy picaruelo, me dice que así los chicos parece que tienen la pilila más grande. Yo no podía dejar de imaginar a uno que aparentaba muy despreocupado en público, delante del espejo en su casa repitiéndose “mañana enseño el pito en la tele“. Entrevistaron a algunos y tenían profesiones de pobre, como diseñador o estilista, y tal era su necesidad que habían estado en la tienda el día anterior seleccionando lo que se iban a comprar. Cáritas tendría que hacer algo con el drama de las profesiones modernas. Dijo mi Felisa que en Madrid los afortunados de esta promoción iban en paños menores y no en pelota picada, está claro que en la capital al menos somos un poco más decentes.

Felisa le ha puesto ojitos a su padre y este le ha soltado varios billetes de 50€. Yo no he dicho nada pero he apretado los labios y he movido la cabeza mientras les miraba de forma inquisitoria. Mi Adolfo ha girado la cabeza y me ha dicho “la nena se va a las rebajas…”. Ella ha cogido el bolso, se ha soltado el pelo y  mientras se miraba en el espejo ha empezado a justificarse sacando a relucir su faceta de bloguera fashion de la que empiezo a estar hasta el moño. No pienso hacerle ni una foto más. Ha mencionado que si no tiene ropa, que si ha visto un bolso genial en Bimba y Lola, que si hay una blusa de Massimo Dutti super rebajada, que si esto que si lo otro. Apenas se le oía mientras se alejaba por el pasillo. Antes de dar el clásico portazo gritó que enseguida volvía. Como si no tuviera casa, la nena.

La niña ha vuelto cargada de bolsas acompañada de Rodrigo, que también traía más bolsas de Felisa y una grande suya con ropa de El Ganso. Me ha venido un “flash” a la cabeza imaginando a mi futuro yerno sin pantalones ni calzoncillos, con el pubis depilado y vistiendo camisa, chaqueta, calcetines y zapatillas de la marca elegante pero informal. Me he ruborizado un poco. Para disimular le he preguntado qué se había comprado y me ha enseñado una camisa, una chaqueta, unos calcetines y unas zapatillas. Casi me da un soponcio y apenas he podido balbucear para preguntarle si no había pantalones rebajados. Con los calzoncillos no me he atrevido. Mi hija se ha puesto farruca y me ha soltado que si no le preguntaba a ella por sus compras. Le he dicho que sí, que sí, que sí y ella en el primer “sí” ya estaba poniendo todo el género encima del sofá y ha empezado a describir todas las maravillas que se había comprado entre las que no había ni rastro del bolso de Bimba y Lola ni de la blusa de Massimo Dutti.

De Zara apenas ha comprado un par de cosas, lo que me ha extrañado mucho. Ella se ha sonreído y me ha dicho que vayamos al ordenador mientras Rodrigo y papá ven la tele. Ha encendido el PC y el Internet Explorer y ha entrado en zara.com. Me ha enseñado el pedido que hizo anoche de madrugada, pues las rebajas en la red empiezan a la hora bruja. Mi hija se está modernizando que es una barbaridad. Pero para barbaridad, la cantidad de cosas que se había comprado. Me tranquilizó diciendo que estaba todo baratísimo y que además ella compraba cada cosa en las tallas S, M y L para acertar siempre. Cuando llegase el pedido se probaría todo y devolvería lo que no le fuese en la tienda de aquí abajo. Y esta me suspendía siete en el colegio, fíjate tú.

Me ha dicho que me compraba algo, ya que estábamos. Yo le he dicho que a mí no me gustan las rebajas y que seguro que todo ese producto no estaba ahí ayer, que seguro que eran prendas de baja calidad hechas para la campaña. Ella que no, que las prendas ya estaban ahí ayer, seguro, seguro. Dijo “seguro” muy segura. Elegí un vestido bastante mono que podía quedar bien a una señora como yo, con una edad pero muy moderna. Pedimos todas las tallas y a la hora de pagar me dijo que no me preocupase que ella ya tenía guardados en la web los datos de la tarjeta de papá.

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