Publicado el 13 de julio de 2013 | por 0

El hombre de acero

Atención: este artículo contiene spoilers a tutiplén y graves críticas a la película. También errores de bulto, dada la escasa atención puesta y la poca memoria del autor. Léalo bajo su responsabilidad.

La primera hostia del filme nos la dieron en taquilla: 8,40 euros de vellón y la clásica amabilidad de las taquilleras de los multicines Filmax, a las que a su desdén solo le falta un acompañamiento de ruidos con el sobaco mientras te atienden para hacer de la experiencia algo mágico. El suelo pegajoso y el volumen a un nivel “cuanto más alto más espectáculo” completaron el cuadro.

Tras el “Around the decks, around the world” del anuncio añejo de Servicaixa y unos trailers del horror, la peli comienza por el principio, explicando toda la movida de Kripton, sus rollos y sus temas.

La movida de Kripton

Kripton es un planeta que está en pleno churrigueresco espacial. Es una sociedad muy avanzada que está a punto de irse al garete. Nace un niño y le ponen el nombre agitanado de Kal-El. Es el primer kriptoniano en siglos que nace como dios manda y que es concebido en un metesaca.

El padre —con nombre de yogur bebible— Jor-El, estaba muy preocupado por la superviviencia de la especie y no se le ocurre una idea más paternal que meter el código genético de todos los kriptonianos en las células de su pequeño y mandarlo al espacio antes de que todo pete.

Quién sabe qué tenía en la cabeza Don Jor-El para mandar a su hijo a la Tierra sin otra herramienta que su cuerpo serrano y esa pesada carga genética. Desde luego que es necesario un superhéroe para procrear tanto y tan bien pero, desgraciadamente, más tarde descubriremos que Kal-El va un poco retrasado en tan titánica tarea pues no dará su primer beso hasta los 33 años a una Lois que se aleja mucho de ser la Venus de Willendorf.

La madre de Supermán no es mucho mejor que el padre pues finalmente pulsa el botón de ignición del platillo volante sin demasiados remilgos ni plantear que una niña viaje con él, por aquello de no tener que complicarnos las cosas en la Tierra con sus pretensiones de sexo intramundos.

El despegue de la nave va precedido de la muerte de Don Jor-El a manos del malo de la peli, el señor Zod. Él y sus secuaces son salvados de la destrucción de Kripton al ser enviados a un castigo de congelación eterna o algo en una nave con mucho GFX. Me pregunto por qué no se salvaron todos los kriptonianos haciendo algo parecido.

Todos los kriptonianos la palman, salvo Supermán y los malos. Nada grave, pues un kriptoniano hace vida prácticamente normal cuando muere.

Los Kent

Clark Kent es como la Señora Fletcher, allá donde va atrae a la muerte, la destrucción y otras desgracias. Don Jor-El no hizo ningún favor a la humanidad mandándonos a este chico de mal fario: incendio en plataforma petrolífera, accidente de autobús escolar, huracán,… y lo peor de todo, poner en alerta a los malos de que está en la Tierra, lo que acarreará una oleada de muerte en pleno centro de Metrópolis. Vale que luego Supermán evitará que toda la humanidad se vaya al garete, pero nada de esto hubiera ocurrido si Clark no fuese esa mezcla de panoli y cenizo.

En numerosas escenas nos dejan claro que Clark lleva sus 33 años llorando por las esquinas con que es un incomprendido, un especial y un triste. Todo el mundo se mete con él desde niño, pero está muy bien educado y opta por sufrir en silencio. A todo esto se une la desgracia de que tu padre adoptivo sea Kevin Costner. No se me ocurre una peor infancia.

Don Kevin le da una reprimenda por salvar a sus compañeros de colegio de morir ahogados; esos poderes son una vergüenza y nadie debería verlos. Clark no para de llorar, así que decide llevarlo al granero, donde los Kent guardan una especie de calentador gigante que sería la fantasía facturable de cualquier inspector de Gas Natural-Fenosa. En realidad se trata de la nave espacial. “Hijo mío, yo no soy tu padre y eres un triste porque eres extraterrestre ¿estás ahora un poco mejor? ¿más contento?”. Don Kevin le da la llave del vehículo, que es un palito, como muestra de amistad entre los dos mundos.

La muerte de Don Kevin es lo más triste de la película, sobre todo porque Clark podría haberla evitado de mil maneras sin despeinarse y sin que nadie se diera cuenta. “Es por no molestar”, le faltó decir a Kevin antes de salir volando. Yo creo que Kevin Costner puso como condición para participar en la película que él fuese Supermán y, si no hubiese suficiente GFX para taparle el cartón en tantas escenas, él haría el papel de padre pero saldría volando antes de que lo haga Supermán. Y sin capa, menudo es él.

La madre, Diane Lane, está empeñada en ser una señora mayor durante toda la película y poco más podemos decir de ella.

Superproblemas

Clark se va al polo a visitar una nave de Kripton que lleva allí enterrada miles de años pero que es casualmente descubierta ahora. No tarda en sacar el palito para activar toda la fiesta en la nave y que aparezca su padre Don Jor-El como si tal cosa.

Don Jor-El le cuenta toda la movida de Kripton y pulsa un botón para que haga su aparición el traje de Supermán, tremendamente ridículo teniendo en cuenta que los kriptonianos vestían unas armaduras estupendas que lucían primorosamente. ¿Quién diseñó esto? ¿Es del Bershka de Kripton? ¿Qué pinta una capa? ¿Es una cámara oculta, padre?

Se nos informa de que la S es de Speranza, algo que Clark no ha sabido traer con sus desgracias, pero bueno, ponte el traje niño, que lo ha cosido tu padre mientras estaba muerto a millones de años luz.

En el ínterin, Lois aparece para descubrir a Supermán antes de tiempo y, de paso, enamorarle poniendo ojitos.

Supermán no puede disfrutar ni cinco minutos de su capa, pues el señor Zod y compañía llegan a la Tierra para que haya película y reclaman que Supermán se presente inmediatamente o va a haber algo más que palabras. Nuestro protagonista se presenta como voluntario ante los militares y nadie le impide que se dirija a una muerte segura pues ni le conocen de nada ni quieren más problemas del cenizo volador.

Por alguna extraña razón, Lois tiene que seguir dando el coñazo y los extraterrestres deciden que es importante que ella forme parte del intercambio. Una vez en la nave, Supermán le da el palito a Lois a sabiendas de que le van a partir la cara. Lois, que durante la película tendrá la misión de meter el palito por dos veces, no duda en hacerlo una primera vez. Y ¡pop! Don Jor-El. Este le cuenta a Lois que no se preocupe que le va a explicar cómo torcer los planes de los malvados (destrucción de la raza humana y transformación de la Tierra en Kripton con dos cacharros) y va a ayudarle a salir de la nave con ridículas indicaciones. De paso cambiará la atmósfera kriptoniana de la nave por otra más terrestre que devuelva el poderío a Supermán.

Supermán se libera y Jor-El tiene la oportunidad de explicar a su hijo los planes para ayudarle con la destrucción de los cacharros genocidas, pero prefiere no contarle nada, ya que no le gusta repetirse, que ya se lo ha contado a Lois, belleza que va hacia una muerte segura en una cápsula que desciende a la Tierra como un cometa en llamas.

Supersoluciones

Supermán rescata a Lois y deciden repartirse las tareas: Él irá al Océano Índico, donde no se está muriendo nadie, a destruir uno de los cacharros. Ella irá armada del palito a Metrópolis a destruir el otro que está arrasando edificios y matando a miles de personas.

Nuestro héroe consigue cumplir con su misión sin que nadie resulte herido, claro, mientras Lois lo pasa un poco mal para hacer su parte en la salvación de la humanidad, pues el palito se atasca en el agujero. Esto pasa cuando le das una misión de tal calibre a una periodista y no a un experto en la materia. Entre todas las mentes brillantes del avión salvador meten el palito y destruyen el segundo cacharro.

Lo que viene después es una serie de efectos especiales de edificios destruidos mientras Supermán y el señor Zod se pelean. Se pelean mucho. Muchos minutos de castaña viene, castaña va, mientras dañan el patrimonio.

Durante la pelea y la destrucción el espectador desea firmemente que el director del Daily Planet y dos periodistas que le acompañan mueran lo antes posible, pues llenan varias escenas con peripecias que no vienen a cuento. Desgraciadamente, se salvan.

La muerte de Zod está precedida por una escena horrible en la que está a punto de matar con su mirada láser a tres o cuatro inocentes ciudadanos. Supermán consigue que no les mire, evitando al espectador una escena de churrasco que no hubiésemos podido resistir. Si un rascacielos habitado se desploma en una pelea de superhéroes no hay problema, pero un chamusque así sería el colmo de la maldad. Zod debe morir. Y muere.

Supermán, ahora sí, es el único habitante de Kripton vivo y que no se atreva a aparecer otro. Por fin podrá empezar su misión procreadora y, por lo visto en esta aventura, Lois parece conocer la teoría.

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