Publicado el 20 de septiembre de 2013 | por 0

Brotes de jamón serrano

El final del vegano llegó y tú partirás. Mientras devoro una hamburguesa premium adornada con mariconadas en plan gin tonic y con su guarnición de patatas fritas con monda, mi cerebro no viaja al origen de esa carne picada y churruscada.

Pero si fuerzo las neuronas puedo transportarme a mi niñez, hace treinta y tantos años, cuando los seis miembros de la familia, apretujados en un Seat Ritmo rojo, con los cuatro hermanos dándonos collejas en el asiento trasero, íbamos a disfrutar del fin de semana. Camino a nuestro destino hacíamos una paradita en la carnicería que tenían unos primos de mi madre en plena Nacional VI. Quiso la suerte que estos familiares lejanos en todos los aspectos, tuviesen un negocio tan bien organizado, en el que toda la cadena de producción estaba controlada desde el origen, pues se trataba de una vivienda-explotación ganadera-matadero-carnicería y se hacía realidad el just-in-time de los filetes.

En esta paradita las opciones eran comer carne a las 5 de la tarde o salir al patio y esta era la opción elegida. Para unos niños de ciudad el olor a sangre, la visión de tripas y pieles aquí y allá, los cuchillos, las cadenas,… todo era bastante impactante. Pero nada como asomarse a la jornada de puertas abiertas del pequeño matadero, en el que estos primos lejanos mataban de una en una a las terneras con un mazazo certero en la cabeza. La visión de esto y toda la fantasía gore que venía a continuación podría convertir en vegano a cualquiera, pero en mi cabeza hay un mono tocando los platillos, por lo que le doy otro mordisco a la hamburguesa y le pego un buen trago a la cerveza.

La chicha de este artículo

Me estoy yendo un poco por las ramas. Lo que quiero contarles es que los del Departamento de Marketing de sus marcas de alimentación favoritas están volcados en que usted se olvide del origen de todos los productos que usted come, que de cara al público son ahora una suerte de derivado vegetal.

La leche!

Abuelito, dime tú, lo que dice el viento en su canción, abuelito, dime tú, ¿por qué llovió, por qué nevó?

Tampoco les quito razón. Si al desayunarme mi leche con galletas en el tetrabrick o botella hubiese, no ya una evocación a una hilera de vacas cagando y comiendo a la vez mientras están enchufadas a una ordeñadora, sino ya solo una imagen de la vaca misma bien grande, pues como que igual tampoco me la bebía. Es por ello que me satisface contemplar un prado bien verde, unas montañas nevadas y unas vaquitas muy pequeñitas que en realidad parecen estar ahí para segar el campo. Cualquiera diría que la leche proviene del deshielo de los blancos Picos de Europa. Benditos sean.

Atún, tun, tun

Debajo del olivo, que el sol calienta, nacieron estas latas de atún, no te arrepientas.

¿O qué me dicen del atún? Algunos envases nos indican que su procedencia es el mar. El mar mismo como generador de esas latitas de atún. Un mar que puede tener un pesquero allá al fondo, como si los pescadores estuviesen de crucero por las islas griegas. ¿O por qué no? Poner el acento en lo vegetal del aceite en el que se conserva. Nada de una imagen de un atunaco de 120Kg vivo o muerto. Menudo bicho ¿quién quiere comerse eso si de la propia tierra nacen esos redondos y perfectos bloquecitos de relleno de empanadilla?

Frutita

¿Y cómo están los melocotones hoy, frutera? Fresquisisísimos, dulcisisísimos, los traigo yo.

La verdad es que si nos ponemos exquisitos hasta la verdura da un poco de asco: esos espárragos de la China, esa fruta conservada a lo Walt Disney, esas calabazas de 400Kg, esos cereales transgénicos,… pero aún así las frutas y verduras son la imagen de la bondad en la alimentación y son la base para beatificar los productos cárnicos que, como veremos, ahora crecen en nuestros campos: árboles de fuet, invernaderos de mortadela con aceitunas, brotes de jamón serrano.

No te digo trigo

No te digo trigo, por no llamarte Rodrigo.

Casa Tarradellas, ahora famosos pizzeros, vuelcan sus esfuerzos en mostrarnos campos de trigo y hermosas masías donde una abuela cocina millones de pizzas para que todos podamos comerlas viendo la enésima repetición de Alaska y Mario. Parece que ningún cerdo haya participado en la receta de ese jamoncito o ese beiconcito que dan sabor a la masa. Tampoco hay rastro animal en los patés de la marca. ¿La masía de Casa Tarradellas es una suerte de Los Pollos Hermanos de Breaking Bad? ¿La enjundia está en el sótano?

El Pozo de mis deseos

La hoja con gotitas es fundamental en todo este asunto.

El Pozo nos presenta su gama “All natural” con su verde, con su perejil, con su hoja con rocío y sin conservantes, sin colorantes, sin fostatos,… solo nos faltaría saber si lo que vas a comer antes era un cerdo marranote y chillón, pero bueno.

De Campofrío me fío

Ni en una herboristería se han visto tantas hojas.

Cualquiera diría que Campofrío ha hecho una alianza con Hornimans para su gama Naturíssimos. O puede que estos productos sean parte del catálogo de jardinería de Leroy Merlin. Sea como fuere, el aspecto es delicioso y quiero semillas del árbol de jamón york Campofrío. Además es el que le pido a la charcutera de mi supermercado Gadis favorito y ella siempre tiene a bien pasarse en 30gr. sabedora de que me va a gustar mucho.

Carrefouring

Una loncha de cada o el bocata de los campeones.

Carrefour tampoco puede resistirse a dotar del más verde de los verdores y del más fresco de los perejiles a algunos de sus productos de charcutería envasada. Entelequias como el chopped o la mortadela necesitan de un manto protector que eviten pensar en cómo demonios están hechos. Estoy seguro de que no hay excursión de colegio que pueda resistir una visita a la zona de elaboración de tan magnas recetas en la fábrica agraciada con ser la marca blanca del gigante francés para estos menesteres.

Para terminar, quiero dejarles con un anuncio del año 1989 de la famosa casa de embutidos, ya desaparecida, Purlom. (“Puro lomo“, amigos). En este glamuroso spot con famoso dejan claro que tratan muy bien a sus cerdos pero, eso sí, todos tenemos en mente que van a morir. Da igual que el protagonista sea un cerdo inteligente y parlanchín, con sus gafas y su personalidad arrolladora. Su cruel destino es morir para hacernos felices y es verdad que preferiríamos no saberlo pero… ¡Rediós! ¡Saca un platito de jamón de ese tan rico! que de tanto hablar de comida se me ha despertado el león que llevo dentro!

¡Y recuerden! ¡Detrás de ese jamón york hay un cerdo! ¡Antes ese nugget era un pollo! ¡Un pollo! ¡dentro de estos tortellinis hay  una vaca! ¡o un caballo! ¡Y los palitos de merluza no los caga el Capitán Pescanova! ¡son de merluza!

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